Tal vez, no se imagino Jacob que en su interior habitaba la promesa o tal vez se imaginaba que era el mismo y no otro.
Pero, en la soledad tuvo una confrontación interna con una palabra. En esa contradicción, aparece la transformación y ya no es más Jacob sino Israel; de suplantador y engañador a príncipe de dios, de algo aparente se esconde un hijo, un resultado, una meta.De esa transformación, la multiplicación en doce hijos, es el proceso por el cual todo hijo de dios pasa, es decir, los doce hijos de Jacob son doce experiencias que pasamos en forma de entrenamiento y no como prueba o test para saber si somos hijos o nos vamos al infierno.Desde la primera experiencia, Rubén o he aquí un hijo hasta la ultima experiencia, Benjamín o hijo del reposo o de poder que, es el único que nace en la tierra prometida.
Nosotros somos el dios que hemos pasado por las doce perlas o experiencias en conformidad al propósito de ser criados, formados y hechos hijos.
Nosotros somos el varón que esta siendo entrenado para regir con vara de hierro a las naciones. Nosotros, los esparcidos, somos el dios verdadero que estamos expresando y manifestando en nuestra vida cotidiana el cuerpo de cristo.
Nosotros somos la nueva Jerusalén, la ciudad del dios vivo, el templo donde habita el dios corporal. Este tiempo no es para ser parte de templos organizacionales sino un templo-organismo, donde se expresa la naturaleza del dios verdadero en el caminar de los hijos AHORA, AQUÍ y vamos hacia la conquista de todas las formas de pensamiento y la destrucción de las falsedades del cristianismo y su proliferación de imágenes, ritos y costumbres que no han liberado los miedos, la culpa y la vergüenza.
Hoy comenzamos a proclamar la manifestación de los hijos y el poder transformador en las conquistas diarias que tenemos.
En las denuncias del negocio de la culpa y la mercadería de los ritos y costumbres y se han olvidado de la práctica de la misericordia y de la piedad.