7/09/2010

SANTIDAD A YHWH

Éxodo 28: 36 – 37


36Harás además una lámina de oro fino, y grabarás en ella como se graba en los sellos: “Santidad a Jehová”. 37La sujetarás con un cordón azul y estará sobre la mitra; por la parte delantera de la mitra estará”. (RV. 1960)



Se debe entender que cuando se habla de santidad o santo es apartado y/o separado, y más aún si se habla de “Santidad a Jehová” es para el propósito que conlleva esas cuatro letras (YHWH), pues de otra forma no diría “llevando todo pensamiento cautivo a la obediencia a Cristo”.


Mucho se ha hablado en las organizaciones eclesiásticas que la santidad debe ser en el cuerpo o en las acciones, pero a la luz de las escrituras, es clara: “Renovaos el espíritu de vuestro entendimiento”. Sin embargo, la diadema de oro implica que hay un proceso de fundición en el fuego consumidor, por lo tanto, existe una entrega para ser transformado y; de esta manera, captar por el entendimiento los misterios que ahora son revelados a nosotros, como hijos y dioses en plenitud (hijos manifestados). Las acciones son solo consecuencia de lo que en nuestra mente predomina, así se cumple que “donde está tu tesoro, ahí está tu corazón”.


Se debe separar la mente para poder estar consagrado hacia el propósito del padre, pero, cómo se hace? Si por lo menos aprovechamos el día, teniendo en cuenta que Dios no busca a “vagos” sino a gente ocupada, y damos el diezmo de nuestro tiempo, podemos aplicarlo en lo básico: Biblia, Oración y Ayuno (BOA); es decir nuestra lectura diaria, que dará las herramientas para llevar el pensamiento a saber pensar, de esta manera llamaremos las cosas que no son como si fuesen; la forma en que bien-decimos a los demás; y, el compartir con otros para dar vida, y vida en abundancia. Con esto desarrollamos la mente de Cristo para así no morir, pues se dice: “Mi pueblo pereció por falta de conocimiento”.


Dentro de nosotros está el conocimiento para guiarnos, asesorarnos y expresarnos en medio de los hijos y las criaturas.

Es nuestra responsabilidad encauzar nuestra mente para llevar una vida de plenitud en lo que somos, seres espirituales que no militamos en la carne, sino solo en el poder que se nos ha sido dado para los fines del gobierno de los hijos con lo cual vamos conquistando a las criaturas desde una posición de santidad.


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