11/29/2010

LA PRUDENCIA

Proverbios 11:12 “El que carece de entendimiento menosprecia a su prójimo, pero el hombre prudente calla” (Reina – Valera 1960)



Ser prudentes es algo de lo cual es muy difícil cuando no es un hábito cotidiano.


La palabra Prudencia proviene del latín prudentia o providentia, y este a su vez del griego phronosis que es ver adelantado o ver por delante, lo cual fue introducido por Aristóteles en sus estudios de la ética.


La prudencia nos lleva a discernir en toda circunstancia lo que nos conviene, edifica y podemos controlar, de esa manera llevar los medios adecuados para realizarlo. Es llamada la “auriga virtutum”. Nos guía al juicio de conciencia para decidir y ordenar la conducta. Como es un juicio que ordena a una acción concreta, no es especulativa sino práctica. Por lo tanto, la prudencia es un puntal para actuar con mayor responsabilidad.


La prudencia tiene mucho que ver con el ser silencioso, más que callado. Para ello está el NO-JUICIO. Jesús dijo que no Juzgues para que no seas juzgado.


Es importante, antes de emitir alguna palabra, mantener silencio mental (no pensar), hasta que todo sea claro, en medio de lo oscuro, para que se asiente todo y la palabra sea certera.


Proverbios 14:15 dice: “El ingenuo todo lo cree; el prudente mide bien sus pasos”. Las circunstancias nos hunden porque actuamos sin meditar, sin reposar, deliberadamente; por ello es necesario practicar la prudencia.


La prudencia da esa firmeza, madurez, fortaleza, estabilidad, templanza para tomar decisiones certeras encaminadas a una dirección fija, buscando cumplir un plan previamente delineado; es decir sin desenfocarse.


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