(1 R 19:11-13) Y él le dijo: Sal fuera, y ponte en el monte delante de Jehová. Y he aquí Jehová que pasaba, y un grande y poderoso viento que rompía los montes, y quebraba las peñas delante de Jehová: mas Jehová no estaba en el viento. Y tras el viento un terremoto: mas Jehová no estaba en el terremoto. Y tras el terremoto un fuego: mas Jehová no estaba en el fuego. Y tras el fuego un silbo apacible y delicado. Y cuando lo oyó Elías, cubrió su rostro con su manto, y salió, y paróse á la puerta de la cueva. Y he aquí llegó una voz á él, diciendo: ¿Qué haces aquí, Elías?
¿Qué hacemos, todos los días? Oír y hacer la voluntad de dios. Es la sensibilidad y delicadeza de nuestro conocimiento que nos lleva al tercer cielo. La quietud para oír, lo que otros no pueden porque quieren VER grandes cosas de dios: vientos, terremotos y fuegos de la gran manifestación de lo divino.
Nosotros no deseamos VER. Nuestro anhelo es OIR su voz im-perceptible, expresión que solo con los sentidos sometidos a un propósito podemos asumir nuestra responsabilidad en el cumplimiento del fin de los tiempos.
No es obra nuestra los actos multitudinarios, es dar vida y no doctrinas nuestra misión. Impartir y compartir conocimiento que viene del árbol de la vida.
¿Qué hacemos todos los días? Oír y hacer la voluntad del in-visible. Activamos en cada acto cotidiano la vida eterna que ya está en nosotros.
Activamos un conocimiento predestinado para que otros con nos aparezca la ciudad eterna
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